Contramemorias de universitarias nicaragüenses, voces de resistencia en medio de la represión y el exilio

La crisis sociopolítica que sacudió Nicaragua en abril de 2018 desató una ola de represión gubernamental que impactó profundamente a la comunidad universitaria, especialmente a las mujeres estudiantes. Un reciente estudio de la Iniciativa Puentes por los Estudiantes de Nicaragua (Ipen), titulado «Contramemorias de Mujeres Universitarias Nicaragüenses: Movilidad forzada y acceso a la educación 2018 – 2024», documenta las vulneraciones a los derechos educativos y humanos que sufrieron estas jóvenes y cómo han enfrentado la adversidad en contextos tan adversos.

La investigación de Ipen revela que las protestas de 2018, desencadenadas por reformas al sistema de seguridad social y preocupaciones ambientales, vieron a las y los estudiantes universitarios convertirse en protagonistas de un movimiento sin precedentes. En respuesta, el gobierno implementó medidas extremas, incluyendo la intervención de fuerzas policiales y paramilitares en recintos educativos, resultando en numerosas víctimas y heridos. La «Operación Limpieza» intensificó la represión, llevando a la muerte de estudiantes y al desplazamiento forzado de miles. Además, se implementaron tácticas de represión académica, como expulsiones y anulaciones de registros.

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El impacto de la represión en las estudiantes

La participación activa de las mujeres en las protestas las convirtió en blanco de la represión estatal, obligándolas a abandonar el país debido a la persecución política y la necesidad de continuar sus estudios en otros países. Según Ipen, esta situación se agravó con la cancelación de la personería jurídica de más de 30 instituciones educativas desde finales de 2020, afectando directamente a más de 37 mil estudiantes universitarios.

Los testimonios recogidos por Ipen ilustran el impacto devastador de estas acciones. Una estudiante relata el momento de su expulsión: «Cuando reviso, veo la notificación de la expulsión. Fue como que el tiempo se detuvo… Recuerdo que mi papá me dijo: qué dicha que no te mataron, por lo menos no te mataron. Pero poco a poco me fue cayendo la noticia… Y ahí me sentí desarmada». Otra participante, que estuvo atrincherada en la universidad, compartió: «En el 2018, en cuarto año me expulsaron, borraron todo mi registro porque estuve atrincherada desde el primer día hasta el último día que nos sacaron».

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Las conclusiones del estudio resaltan que estas jóvenes, provenientes mayoritariamente de sectores de bajos recursos y dependientes de becas, vieron sus trayectorias académicas y emocionales profundamente afectadas. La politización dentro de las universidades, especialmente en instituciones bajo control gubernamental, prioriza la lealtad política sobre el pensamiento crítico, limitando la calidad educativa y la libertad académica.

En el exilio, las estudiantes enfrentaron precariedad económica, inseguridad habitacional y discriminación por género y nacionalidad. La falta de redes de apoyo y la dificultad para obtener documentos académicos obstaculizaron la continuidad de sus estudios. Sin embargo, Ipen destaca que muchas personas han perseverado en su educación y activismo, demostrando una notable resiliencia.

A pesar de los desafíos, estas jóvenes mantienen la esperanza de regresar a Nicaragua para contribuir a su reconstrucción social y política, apostando por un liderazgo basado en sus experiencias y conocimientos adquiridos. Como expresó una de las participantes a Ipen: «Es que no me voy a dar por vencida. No tengo otras aspiraciones que no sean ser una mujer profesional y cumplir mis sueños; rendirme sería darle gusto a la dictadura y no lo voy a hacer. Me quitaron todo: mi hogar, mi familia, mis estudios, mi nacionalidad. Lo único que no me han podido quitar es el hecho de poder perseguir mis sueños y ser quien quiero ser».

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El estudio de Ipen subraya la urgente necesidad de apoyo por parte de organismos internacionales y redes de solidaridad para facilitar el acceso de estas jóvenes a oportunidades académicas y garantizar su bienestar psicosocial. Sus experiencias reflejan la intersección entre represión política, desigualdad económica y migración forzada, pero también resaltan su capacidad de resistencia y su lucha por la justicia social.

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