Nicaragua: El rostro de un país que sobrevive entre el costo de vida y el exilio

Caminar por las calles de Nicaragua hoy es enfrentarse a una calma tensa, donde las cifras de los mercados cuentan una historia muy distinta a la narrativa oficial. Según el reciente «Informe Percepción de la Realidad Política, Social y Económica de Nicaragua» al 31 de enero de 2025, elaborado por Hagamos Democracia, el país atraviesa una crisis profunda marcada por una asfixia económica que no da tregua a las familias.
Para la mayoría, el simple acto de hacer las compras se ha vuelto un lujo. El informe revela que el 84% de los ciudadanos ha percibido un aumento considerable en los precios de los productos básicos en los últimos tres meses. Productos esenciales como la carne, el queso y los frijoles encabezan la lista de encarecimientos, dejando a los hogares en una situación de vulnerabilidad alimentaria extrema. «El salario y los ingresos resultan ineficaces para proporcionar estabilidad y solvencia a las familias», sentencia el documento, destacando que el 91.29% de los encuestados no logra cubrir el costo de la canasta básica.
La economía del sacrificio y el peso de las remesas
Esta precariedad ha forzado a los nicaragüenses a depender de un hilo que se sostiene desde el exterior: las remesas. El flujo de dinero enviado por quienes se fueron se ha vuelto el pulmón financiero del país. Para 7 de cada 10 hogares, este ingreso es vital, ya que «las remesas constituyen parte fundamental para su sobrevivencia mensual, es decir, que sin estas no podría llegar a fin de mes».
Sin embargo, el deseo de migrar para buscar ese sustento enfrenta hoy nuevos temores. Aunque el 69.65% de las personas asegura que abandonaría el país si pudiera, se ha registrado una ligera disminución en la intención migratoria debido a la incertidumbre por las políticas de la administración Trump. El miedo a la deportación y la posibilidad de que se les niegue el reingreso a su propia patria, como ya ha sucedido con cientos de personas, mantiene a muchos en un estado de parálisis.

Mientras tanto, el panorama político ofrece pocas esperanzas. La reciente reforma constitucional, que otorga «poder absoluto a la pareja Ortega-Murillo y consolida una sucesión dinástica«, es vista con desconfianza por quienes están informados de los cambios. Entre el asedio, la corrupción local que el 72.47% afirma conocer y una inseguridad ciudadana que acecha en cada esquina, los nicaragüenses intentan descifrar un mañana que se siente cada vez más lejano. En Nicaragua, la lucha ya no es solo por la libertad, sino por la simple subsistencia en una tierra que parece expulsar a sus hijos por necesidad.


