En un momento de incertidumbre global y narrativas que priorizan intereses egoístas, el Día Mundial del Refugiado 2025 se erige como una ocasión crucial para reafirmar la solidaridad con las más de 123 millones de personas forzadas a huir de sus hogares en todo el mundo. Bajo el lema “Solidaridad con los Refugiados”, esta conmemoración es un llamado rotundo a acciones concretas y a un compromiso incondicional para quienes buscan refugio y una oportunidad de reconstruir sus vidas.
La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) lideran este llamado, destacando que “la verdadera solidaridad con las personas refugiadas empieza por acciones concretas”. Esto incluye desde acoger a una persona refugiada en la comunidad hasta “defender políticas que promuevan la protección y el apoyo a las personas desplazadas por la fuerza”. Más que nunca, es vital “hacerse escuchar, alzar la voz y mostrar solidaridad hacia las personas refugiadas” ante los recortes en la financiación humanitaria que ponen en riesgo a millones de vidas.
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La solidaridad, según ACNUR, debe expresarse “con los hechos, no sólo con palabras”. Significa “escuchar con atención, dar espacio a sus historias” y “defender su derecho a buscar protección y soluciones a su difícil situación”. Los refugiados no buscan caridad, sino “oportunidades y superación”, y al recibirlas, se convierten en “miembros integrales, valiosos y productivos de las comunidades que las acogen”. “Las personas refugiadas no se definen por lo que han perdido, sino por el valor con el que reconstruyen sus vidas”, y “tienen los mismos sueños, talentos y pasiones que cualquier otra persona”.
La integración es clave
Muchas personas desplazadas por la fuerza pasan más de una década esperando reconocimiento legal, y “más del 70 % se encuentran acogidos en países de ingresos bajos y medios”. En este contexto, la OMS enfatiza que la salud es un derecho humano fundamental, instando a fortalecer “sistemas de salud inclusivos y resilientes que no dejen a nadie atrás”. Lamentablemente, la reducción de presupuestos humanitarios ya está provocando “recortes en servicios esenciales, como la Salud Mental y el Apoyo Psicosocial (SMAPS), la salud materna y la atención primaria”. La OMS llama a los gobiernos a “garantizar el acceso universal a la atención médica, independientemente de su estatus”.
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A pesar de los desafíos, el compromiso con los refugiados persiste. ACNUR, a pesar de la “grave situación de la financiación”, sigue firmemente comprometido con su mandato de salvar vidas y estabilizar comunidades. Como señala Cate Blanchett, Embajadora de Buena Voluntad de ACNUR, “cuando desaparece la ayuda humanitaria, son las personas forzadas a huir las que sufren más” y que “el Día Mundial del Refugiado es un llamado a la solidaridad”. Es una elección colectiva, “decidir en qué mundo queremos vivir” y optar por “la empatía”. El “coste de la inacción se medirá en sufrimiento, inestabilidad y futuros perdidos”.


