En septiembre de 2025, un grupo de trabajadores salvadoreños viajó a Costa Rica para trabajar como conductores de autobús. Salieron de su país con una oferta de empleo concreta y un permiso de trabajo aprobado. Detrás del viaje hubo meses de coordinación entre ambos gobiernos y con empresas privadas, que participaron en la definición de los perfiles, las entrevistas y la selección del personal.
Según un artículo publicado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en su blog para América Latina y el Caribe, estos mecanismos se han usado sobre todo en actividades agrícolas y en zonas de frontera, pero la experiencia salvadoreña “ha demostrado que pueden adaptarse a otras ocupaciones y conectar incluso a países que no comparten frontera”.
La migración laboral en Centroamérica ya es una realidad cotidiana. Personas nicaragüenses viajan a Honduras en la cosecha de café, personas guatemaltecas trabajan en Belice, en agricultura, hotelería y servicios domésticos, y también en el sur de México. Entre Panamá y Costa Rica el flujo va en ambas direcciones: personas indígenas Ngäbe-Buglé participan en la cosecha cafetalera costarricense, mientras costarricenses se trasladan a Panamá para trabajar en tecnología, turismo, industria y manufactura.
La OIM recuerda el peso del trabajo en la movilidad global. Según su Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2024, “casi el 70% de las personas migrantes internacionales son trabajadoras migrantes”.
Siete flujos laborales con hoja de ruta
En la publicación Fortalecimiento de las vías regulares de migración laboral entre países de Centroamérica, México y el Caribe, en la que la OIM analiza su trabajo con los ocho países. Se estudiaron siete flujos laborales y se elaboraron hojas de ruta adaptadas a las condiciones de cada uno.
Los avances varían según el país:
- Belice, avanzó en un programa piloto para personas trabajadoras migrantes temporales en agricultura, hotelería y construcción.
- Honduras, trabaja en un mecanismo temporal para personas nicaragüenses durante la cosecha de café, con consultas a productores e instituciones.
- México y Guatemala, desarrollaron una ruta enfocada primero en el turismo de Quintana Roo, con posibilidad de extenderla a otros estados y sectores.
- Guatemala, también fortaleció la estructura que gestiona sus programas y avanza en el que prepara con Costa Rica.
- Panamá y Costa Rica, ampliaron su cooperación para incorporar nuevos sectores y perfiles ocupacionales.
Para julio de 2025 la mayoría de los países había consolidado avances en la preparación, el diseño y la negociación de sus hojas de ruta. Algunos llegaron a experiencias piloto, aunque la implementación a mayor escala “seguía siendo más limitada”.
Costa Rica aporta un antecedente. En 2020, con las fronteras cerradas por la pandemia de COVID-19, el país desarrolló con apoyo de la OIM el Sistema de Trazabilidad Laboral Migratoria (SITLAM). Registra la entrada, la permanencia y la salida de personas trabajadoras agrícolas, principalmente de Nicaragua y Panamá, mediante un carné con código QR que permite a empleadores y autoridades verificar información laboral y migratoria. Cinco años después, el sistema sirve de referencia para explorar su adaptación a otros sectores económicos.
La OIM advierte que en muchos casos ya existen mecanismos para migrar regularmente, pero “las personas no siempre saben que existen o cómo acceder a ellos”. La información está dispersa entre instituciones, algunos procedimientos exigen documentos físicos y ciertos trámites son presenciales. También hay dificultades para que las competencias laborales sean reconocidas en otro país. Por eso los gobiernos priorizan simplificar y digitalizar trámites, mejorar los servicios públicos de empleo, reforzar la supervisión de las condiciones de trabajo y contar con mejores datos sobre las necesidades de cada sector.
La meta, concluye la organización, es que “cuando una oportunidad de trabajo exista al otro lado de una frontera, también exista una vía clara y regular para llegar a ella”.






