Organizaciones de derechos humanos y representantes de la comunidad nicaragüense en Costa Rica se reunieron para conmemorar el primer aniversario del asesinato de Roberto Sancam y debatir los retos urgentes de protección internacional que enfrentan las personas nicaragüenses en el exilio.
El foro “Persecución sin fronteras: represión transnacional, apatridia y seguridad de las personas nicaragüenses en el exilio” fue convocado por el Centro Guernica y la Fundación Arias y, reunió a juristas, activistas, representantes de ACNUR y al expresidente costarricense Luis Guillermo Solís.
Andrés Celis, representante del ACNUR en Costa Rica, contextualizó la magnitud del fenómeno: las personas nicaragüenses que han presentado una solicitud de refugio o que tienen estatus de refugio representan el 4.6% del total de la población del país. Celis señaló que el principal obstáculo no es técnico sino político: una narrativa que castiga y que invisibiliza a quienes buscan protección.
Una persecución que no termina al cruzar la frontera
Almudena Bernabeu, codirectora del Centro Guernica, identificó dos elementos que distinguen este exilio de otros que ha documentado. El primero es la dimensión jurídica: al salir de Nicaragua, las personas no solo huyen de la violencia, sino que enfrentan la pérdida sistemática de sus documentos, propiedades e identidades legales. El segundo es el miedo. “Es un exilio y una persecución marcada por el miedo que hace que haya una permanente sensación de vulnerabilidad”, dijo Bernabeu.
El caso de Sancam —asesinado en suelo costarricense— fue presentado por los panelistas como evidencia de que la represión transnacional del régimen nicaragüense opera más allá de sus fronteras. Federico Campos, abogado penalista y representante legal de la familia, destacó que los autores materiales del crimen ya están acusados, gracias al trabajo del Ministerio Público y del Organismo de Investigación Judicial. Sin embargo, insistió en que la investigación debe continuar para determinar responsabilidades más amplias.
Para el expresidente Solís, el asesinato expone una vulnerabilidad estructural del Estado costarricense: “Cuando un país es incapaz de brindar garantías para que las personas que han buscado aquí refugio y protección efectivamente lo tengan, eso vulnera gravemente la seguridad ya no solamente de esa población perseguida, sino de la población nacional”.
Claudia Vargas, activista nicaragüense y viuda de Roberto Sancam, ofreció una perspectiva que reencuadra la narrativa del exilio: “No queremos ser percibidos nada más como víctimas”, afirmó. “Hemos convertido la resiliencia en una apuesta política”.
Durante el foro, Miguel López Valdizón preguntó si la resolución aprobada recientemente por el Parlamento Europeo —que llama a las fiscalías a abrir juicios contra el régimen nicaragüense— podría abrir la puerta a procesos en España. Bernabeu respondió que la resolución sí tiene valor y que España cuenta con mecanismos que permiten el acceso directo de las víctimas a la justicia, sin depender exclusivamente del ministerio fiscal. “Ese es un poco el rol de Guernica, naturalmente”, dijo.
El conversatorio también tuvo voces del público. Nancy Liset Césped Rivera, solicitante de refugio, tomó el micrófono para recordar que la inseguridad no es un dato abstracto: “Peligra mi vida y peligra la vida de toditos y cada uno de nosotros”.



