La Colectiva Feminista Volcánicas presentó su primera investigación feminista socioterritorial en el marco del Día Internacional de las Personas Refugiadas. El evento, IV edición de Refugiadas en Diálogo, reunió a activistas, lideresas comunitarias y mujeres jóvenes refugiadas para discutir los hallazgos de tres años de trabajo.
El estudio, titulado “Vivencias socioterritoriales y procesos organizativos de activistas feministas y lideresas comunitarias migrantes y exiliadas políticas nicaragüenses habitantes de los territorios San José y Upala en Costa Rica”, se desarrolló entre 2023 y 2026. Recoge las experiencias de 59 mujeres nicaragüenses migrantes, refugiadas y exiliadas políticas: 45 residentes en la Gran Área Metropolitana (GAM) y 14 en Upala.
Las mujeres sostienen el activismo migrante, a menudo sin remuneración ni reconocimiento
Lidia Peña, cofundadora de la Colectiva, presentó los principales hallazgos. «Esta investigación duró tres años, en el cual logramos conversar con mujeres de Upala, de diferentes territorios y mujeres del gran área metropolitana», señaló.
El grupo participante es intergeneracional: desde jóvenes de 18 años hasta mujeres mayores de 60, quienes representan la mayoría de las lideresas y activistas tanto en San José como en Upala. Según Peña, esto obliga a preguntarse por el relevo generacional del activismo migrante.
Uno de los hallazgos más relevantes es la carga del trabajo no remunerado que sostiene estos procesos. «La mayoría de las mujeres dedican entre dos a seis horas al día de su vida a este trabajo por la defensa de los derechos humanos, además del trabajo remunerado, el trabajo de los cuidados», explicó Peña. La pregunta que atraviesa la investigación es directa: «¿quién nos cuida a nosotras, las mujeres migrantes y refugiadas, en un contexto donde tenemos que sobrevivir constantemente?».
La investigación también documenta las barreras estructurales que enfrentan estas mujeres. En zonas urbanas, reportaron largas listas de espera en la Caja Costarricense del Seguro Social, no reconocimiento de documentos de identidad y tratos discriminatorios hacia mujeres trans. En Upala, la ausencia de transporte público agrava el acceso a medicamentos y atención médica. «Las mujeres tienen que sacar de su economía para poder pagar un transporte privado», dijo Peña, con impacto directo en la salud física y mental.
Pese a ese panorama, la investigación documenta también la capacidad organizativa de estas mujeres: redes de cuidado, procesos de incidencia y liderazgos comunitarios que transforman sus territorios. Peña expresó la esperanza de que el estudio sea una herramienta concreta: que «la cooperación quiera hacer proyectos pensados para nosotras como mujeres migrantes y refugiadas, sepa qué es lo que quieren esas mujeres y sepan sus necesidades».




