No hay información sobre Tetman Fagoz. Tampoco sobre los guardabosques mayangnas detenidos. Nancy Elizabeth permanece en prisión domiciliaria. “Y exigir justicia por la muerte de Brooklyn Rivera, cuya custodia estaba en manos del Estado, es hoy prácticamente imposible dentro de Nicaragua”.
Ese es el panorama que describe Limi, defensor de la autonomía y la cultura de los pueblos indígenas de la Costa Caribe de Nicaragua, en declaraciones exclusivas a Entrepatrias, las primeras de un referente del movimiento indígena tras la muerte del líder miskito bajo custodia del Estado. Limi habla de “la situación de Taopala” como un caso con nombre propio: no un hecho aislado, sino el punto más visible de un conflicto estructural que las comunidades indígenas llevan años denunciando.
“Dentro de Nicaragua es difícil hacer algún tipo de movilización en protesta porque la represión ya sabemos que es generalizada y de alto riesgo”, advirtió. A eso se suma que en estos días la presencia policial se ha intensificado específicamente en la Costa Caribe, cerrando aún más el margen para cualquier respuesta colectiva pública.
En ese contexto, la única vía que permanece abierta es la internacional. Pero incluso esa ruta tiene sus condiciones: Limi fue claro en señalar que serán los familiares de Brooklyn Rivera —conocido también como Taupla— quienes decidan si impulsan procesos ante organismos internacionales para exigir una investigación independiente. En un escenario donde las organizaciones no pueden moverse con libertad, la familia se convierte en el único actor con margen para actuar. Eso, en sí mismo, dice mucho sobre el nivel de cierre que enfrentan las comunidades.
Un movimiento que perdió a quien sostenía su cohesión
Para Limi, lo que está en juego va más allá de la pérdida personal. “El impacto de la pérdida en estas condiciones de un líder histórico como Taupla tiene un impacto enorme en una lucha que es una lucha existencial a nuestros pueblos”, afirmó. “Es una situación cuyas consecuencias, incluso en este momento, todavía es difícil dimensionar”.
La muerte de Brooklyn Rivera golpea en tres frentes simultáneos: debilita la organización interna de las comunidades, elimina una figura con la trayectoria y el análisis necesarios para leer el momento político actual y, rompe el hilo que sostenía la cohesión entre los distintos liderazgos de la Costa Caribe. Ese último punto, subrayó Limi, es quizás el más difícil de reponer.
Aun así, el movimiento no se detiene. “Seguiremos trabajando desde el enfoque de resistencia cultural contra el colonialismo interno, contra el exterminio cultural, contra la ocupación de nuestras tierras, a través de medios pacíficos, utilizando el sistema internacional de derechos humanos”, declaró Limi. La expresión “colonialismo interno” no es retórica: es el marco desde el que el movimiento indígena interpreta lo que ocurre en la Costa Caribe, un proceso que no leen como un conflicto de tierras sino como una ocupación protagonizada por el propio Estado nicaragüense sobre sus territorios ancestrales.
Limi también fue directo al señalar que una transición democrática en Nicaragua no es un deseo secundario sino una condición estructural para la lucha indígena: “Si es necesario que en Nicaragua haya una transición a la democracia para que como pueblos indígenas tengamos mayores probabilidades de éxito en esta lucha, porque frente a una dictadura es muy difícil”.



