El endurecimiento migratorio de la segunda administración de Donald Trump está reconfigurando las rutas de salida de cubanos y nicaragüenses. Entre 2018 y 2024, el flujo de ambas nacionalidades hacia Estados Unidos —principalmente vía México— creció de forma explosiva. Pero en 2025 la tendencia se revirtió: cruzar la frontera sin autorización se volvió prácticamente imposible para cualquier migrante, mientras Washington intensificó las deportaciones, reforzó los controles fronterizos con México y eliminó las protecciones temporales y los permisos no definitivos que antes amparaban a miles de personas. Los cubanos, además, perdieron las preferencias legales que históricamente les facilitaban acceder a un estatus migratorio temporal.
Frente a este cierre de puertas, el “ansia por salir” —el motor de fondo de toda la crisis— no se detiene: se redirige. Costa Rica, Guyana, Brasil, Uruguay, España e Italia se consolidan como nuevos destinos para cientos de miles de personas que huyen de Cuba y Nicaragua, países marcados por regímenes autoritarios, escasez y falta de libertades. Guyana, con menos de un millón de habitantes pero en pleno auge económico, recibió solo en 2025 a 135.000 cubanos. Solo una fracción menor de migrantes opta por quedarse en territorio mexicano.
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Las cifras sobre la migración nicaragüense son elocuentes. Según el Censo estadounidense, la población nicaragüense en Estados Unidos pasó de 160.000 a 230.000 personas entre 2000 y 2021 —un aumento superior al 50%—, sin contar los 273.000 nicaragüenses que ingresaron entre 2022 y 2025. Pero el destino más constante sigue siendo el país vecino: Costa Rica, con apenas 5,2 millones de habitantes, acoge hoy a medio millón de nicaragüenses. La Organización Internacional para las Migraciones reporta que durante 2024 y 2025 los movimientos regulares en la frontera norte se mantuvieron en torno a 325.000 ingresos anuales, concentrados en los puestos de Peñas Blancas y Las Tablillas, además de los cruces irregulares que se monitorean por rutas informales como Paso Rojo.
Esa presión migratoria ha llevado a Costa Rica a ajustar su política interna. En mayo de 2026, la Dirección General de Migración y Extranjería reactivó la “Categoría Especial Temporal” para personas nicaragüenses, venezolanas, cubanas y colombianas cuyas solicitudes de refugio —presentadas entre 2014 y mayo de 2026— quedaron pendientes o fueron rechazadas. A partir de septiembre de 2026, estas personas podrán regularizar su residencia y trabajar legalmente en cualquier sector, sin trámites adicionales para demostrar su situación, luego de que el mecanismo estuviera suspendido desde 2024.
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Especialistas consultados por DW, como Jorge Duany, exdirector del Instituto de Estudios Cubanos, y Ariel Ruiz Soto, del Instituto de Política Migratoria, coinciden en que la migración aporta crecimiento económico y demográfico a los países receptores, pero advierten que el éxodo masivo desde Venezuela, Cuba y Nicaragua presiona con fuerza los sistemas de salud, educación e infraestructura urbana. La integración, señalan, no es automática: depende de la capacidad institucional de cada país y, con frecuencia, requiere apoyo internacional sostenido para no colapsar.






