La crisis climática de 2026 está reconfigurando la movilidad humana en Guatemala, Honduras y El Salvador. Según el informe de Oxfam sobre el impacto de El Niño en el Corredor Seco centroamericano (evaluación julio–agosto 2026), la mayoría de los desplazamientos provocados por la sequía ocurre dentro de los propios países y emerge un patrón inesperado: el retorno sin remesas, una dinámica que incrementa la presión sobre hogares ya afectados por la pérdida de cosechas y la escasez de agua.
El estudio señala que “la crisis climática continúa profundizando la vulnerabilidad de millones de personas en Centroamérica”, con impactos simultáneos en la producción agrícola, el acceso al agua, los ingresos del hogar y la cohesión comunitaria. Oxfam y organizaciones socias evaluaron 354 comunidades en 58 municipios de 15 departamentos, documentando los efectos de la sequía sobre más de 91 mil hogares rurales. Los resultados muestran “pérdidas agrícolas extremas, agotamiento de reservas alimentarias, estrés hídrico y crecientes limitaciones para la recuperación de los medios de vida”.
Las voces comunitarias recogidas por el informe ilustran la profundidad de la emergencia. En San Lorenzo, Lempira, Honduras, una observación de campo (agosto de 2026) describe el deterioro acumulado: “El centro de salud no tiene medicinas; las personas requieren apoyo para compra de alimento o medicina. En la escuela ya no llega desde hace 2 años la merienda escolar. Las personas que migraron en años anteriores están regresando y ya no hay remesas en la comunidad. Las familias que han producido más en la zona sembrando maíz ya no tienen reservas; toda la comunidad está consumiendo harina (Maseca). Las familias deben aún el abono de primera y no tienen fondos para poder sembrar en postrera”.
En Portillo Flor, Lempira, Honduras, otra observación de campo detalla cómo la pérdida de ganado agrava la presión del retorno: “El calor provoca aborto en las vacas y eso genera pérdida también en la comunidad. No hay migración; las personas más bien están regresando y generando una nueva carga en la comunidad en agua y en acceso a recursos, y la pérdida de la remesa”.
Según el informe de Oxfam, entre mayo y julio de 2026 se registraron 6,212 movimientos migratorios de al menos un integrante del hogar. La mayoría fue interna: 46.1% hacia comunidades vecinas del mismo municipio o departamento y 33.8% hacia otros departamentos del país. Solo 20.1% tuvo como destino otro país de Centroamérica, Estados Unidos u otras regiones. El documento detalla que “la mayoría de estos movimientos fue de carácter interno (…) lo que sugiere que, para una parte de los hogares, la crisis agrícola actúa como un factor adicional de expulsión migratoria hacia el exterior”. En muchos hogares, especialmente aquellos sostenidos por mujeres, la movilidad interna se convierte en una estrategia para sostener la alimentación y los cuidados comunitarios ante la caída de ingresos rurales.
Retorno sin remesas, crisis del agua y nuevas formas de movilidad
La sequía también está generando tensiones en torno al agua. En Caserío Cerna, El Tablón Centro, Usulután, El Salvador, una observación de campo reportó: “El mes pasado en la comunidad hubo crisis de agua. Se han generado problemas con autoridades del municipio; el líder encargado ha sido amenazado para no denunciar situaciones respecto al servicio del agua”.
En Caserío Chemiche, Huehuetenango, Guatemala, la escasez golpea directamente la alimentación infantil: “Hay niños con desnutrición que necesitan ayuda, al igual que hogares que carecen y viven en extrema pobreza. La falta de agua provocó que sus siembras no se lograran; compran su agua ya que en la comunidad no hay, pero les cuesta ajustar el dinero para poder comprarla”.
El informe también documenta nuevas dinámicas de movilidad. En Tajeada, Choluteca, Honduras, una observación de campo registró migración femenina hacia España: “Las personas que migraron fueron mujeres, con destino a España. Entre las principales necesidades se encuentran las semillas y el fertilizante, pero su mayor factor de riesgo es la falta de lluvia, que podría seguir generando pérdidas de la cosecha”.
En Chivaquito y Pajales, Baja Verapaz, Guatemala, un comentario del COCODE recogido en observación de campo describe la inmovilidad temporal que provoca la sequía: “No hay trabajo en la comunidad por efecto de la sequía: no hay siembra, no hay cosecha. Para poder migrar de la comunidad hay que esperar la cosecha de café y el corte de caña, en los meses de noviembre a marzo”.
La insuficiencia de la ayuda pública también aparece en los testimonios. En San Juan, Caserío El Gavilán, Ahuachapán, El Salvador, una observación de campo señala: “Las familias de la comunidad manifiestan que tanto los paquetes escolares, como la alimentación escolar no son suficientes para cubrir necesidades, y que ellos ponen de su dinero”.
Según el informe de Oxfam, la respuesta humanitaria debe ser escalonada y combinar asistencia alimentaria, acceso a agua segura, protección de medios de vida y monitoreo climático. La organización urge a “habilitar o ampliar mecanismos de transferencias monetarias de emergencia, dada la brecha identificada entre la demanda (…) y la cobertura actual (8.8%)”. También llama a “incorporar de manera explícita el patrón de retorno migratorio sin remesas (…) en los análisis de movilidad humana y desplazamiento” que realizan organismos regionales.
La sequía del Corredor Seco no solo vacía las parcelas: reconfigura la vida comunitaria, tensiona los cuidados y obliga a las familias —sobre todo a mujeres y jóvenes— a desplazarse dentro de sus propios territorios. La región enfrenta una crisis climática que ya no se mide solo en pérdidas agrícolas, sino en cómo transforma la movilidad humana y las posibilidades de sostener la vida.





