Wilber Garcés, de 28 años, fue herido por un agente de inmigración en pleno reparto de comida en Austin. Permanece bajo custodia de ICE en un centro de detención migratoria, mientras su familia y organizaciones exigen una investigación independiente.
Wilber Rafael Garcés Pérez, venezolano de 28 años, trabajaba repartiendo pedidos para DoorDash en el norte de Austin, Texas, cuando fue baleado por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la tarde del domingo 20 de septiembre. Minutos después, su madre, Flor Pérez, en Venezuela, recibió la primera llamada de su hijo, alterado y herido.
“Él me gritaba: ¡Mamá, me está persiguiendo migración, me dio un tiro, mamá! Le chocaron su carro y entonces lo jalaban por un brazo”, relató Flor Pérez. Según su testimonio, a Wilber le retiraron el teléfono cuando intentaba marcar al 911.
Un caso que se suma a otros tiroteos de ICE
El agente disparó e hirió al joven poco antes de la 1 p.m. del domingo, en el cruce de Research Boulevard y Anderson Square, en un episodio que provocó protestas de al menos medio centenar de personas, algunas dispersadas con gas lacrimógeno. Fue trasladado a un hospital local en condición “grave pero estable” tras recibir el disparo en el torso.
Horas después, Garcés fue dado de alta y trasladado al Centro de Procesamiento de ICE del Sur de Texas, en Pearsall, según su abogada, Kate Lincoln-Goldfinch. “Sigo con la bala dentro”, dijo el propio Garcés en una rueda de prensa telefónica convocada por su defensa.
Su abogada reveló además que Garcés tiene un hijo con discapacidad en Venezuela, quien depende de los ingresos que él generaba como repartidor para costear terapias y exámenes médicos.
El caso se suma a otros incidentes recientes de agentes de inmigración en Texas: en julio, un mexicano de 52 años murió tras recibir un disparo de ICE durante una parada de tráfico en Houston, mientras un congresista demócrata de Texas exigió una investigación independiente e inmediata, así como la publicación de las grabaciones de cámaras corporales.
Para las familias migrantes, el caso de Wilber Garcés vuelve a poner en evidencia la distancia entre la versión oficial de los hechos y la angustia de quienes, desde el otro lado del teléfono, solo pueden esperar noticias.
Con información de N+ Univisión.






