México atraviesa una transformación acelerada en su papel dentro de la movilidad humana en el continente. Lo que durante décadas fue un país marcado por la salida de trabajadores hacia Estados Unidos se ha convertido en un centro migratorio donde confluyen emigración histórica, tránsito regional, retorno forzado, desplazamiento interno y asentamiento permanente. Esta complejidad es analizada por Johannes Hügel y Nikolaus Rischbieter en su artículo “De país de emigrantes a centro migratorio: la nueva complejidad de México”, publicado en Diálogo Político.
Los autores sostienen que México “ya no encaja en las categorías tradicionales de la migración”, porque hoy combina fenómenos que antes se observaban por separado. Esa superposición convierte al país en un nodo migratorio que influye directamente en la estabilidad regional y en la relación con Estados Unidos.
México continúa siendo uno de los países con mayor emigración del mundo. Según Hügel y Rischbieter, “cerca de 40 millones de personas de origen mexicano viven fuera del país, el 97% en Estados Unidos”. La diáspora mexicana, una de las más grandes del planeta, sostiene a millones de hogares mediante remesas que crecieron de 23.000 millones de dólares en 2013 a 64.700 millones en 2024. Los autores subrayan que “uno de cada cinco hogares mexicanos recibe remesas”, lo que evidencia la magnitud del fenómeno y la dependencia económica que genera.
Lea más: Violencia sin tregua: centroamericanos huyen a México
Sin embargo, esta fuente de ingresos muestra señales de vulnerabilidad. En 2025, las remesas disminuyeron por primera vez en más de una década, reflejando la desaceleración del empleo en Estados Unidos y anticipando posibles tensiones económicas en regiones mexicanas altamente dependientes de estos recursos.
México como corredor, destino y espacio de retorno
A la emigración histórica se suma el papel de México como corredor de tránsito. Desde los años 90, el país se consolidó como ruta obligada para migrantes centroamericanos y caribeños que buscan llegar a Estados Unidos. El flujo se ha intensificado con el deterioro político y económico en países como Venezuela, Haití, Honduras y Guatemala. La presión sobre las capacidades institucionales mexicanas es evidente: estaciones migratorias saturadas, solicitudes de refugio en aumento y gobiernos locales que operan al límite de sus recursos.
El tránsito ya no es el único fenómeno. México se ha convertido también en destino involuntario para miles de personas. Las políticas de endurecimiento fronterizo en Estados Unidos han provocado que migrantes que antes cruzaban de manera circular ahora permanezcan en territorio mexicano. Hügel y Rischbieter explican que “cruzar la frontera se volvió tan riesgoso y costoso que dejó de tener sentido ir y volver”. Este cambio ha modificado el perfil demográfico de la migración: familias completas, mujeres y niños que buscan establecerse en ciudades del norte y centro del país.
Puede interesarte: México es responsable por más de 100 mil desapariciones en medio siglo
A ello se suma el retorno forzado de mexicanos deportados desde Estados Unidos. Muchos regresan sin redes de apoyo y deben reintegrarse en contextos económicos adversos. Paralelamente, el desplazamiento interno por violencia criminal y conflictos territoriales agrega otra capa de complejidad. Los autores describen esta coexistencia de fenómenos como “una de las dinámicas migratorias más complejas del mundo”.





